Reseña: Vaqueros de verdad realzan drama de Idris Elba

Se siente como una vieja historia: un adolescente caprichoso se reúne con el padre del que está distanciado, uno necesita disciplina, el otro humanizarse. ¿Podrán conectar?

Esa es la historia familiar dentro de “Concrete Cowboy” (‘Cowboys de Filadelfia’), protagonizada por el atractivo dúo de Idris Elba y el fantástico debutante Caleb McLaughlin.

Pero hay mucho más para contemplar, como el fascinante mundo de la vida real en el que se basa esta historia predecible pero conmovedora: la comunidad de jinetes negros del norte de Filadelfia.

¿Qué? ¿Hay vaqueros urbanos en las calles de Filadelfia? Esa fue exactamente la reacción que Cole (McLaughlin), de 15 años, tiene tras llegar de Detroit y ser abandonado en las calles por su madre desesperada, quien espera que su padre lo discipline. Harp (Elba) está en los establos, le dicen a Cole. Él contesta: “¿Los qué?”.

“Concrete Cowboy”, un impresionante debut del guionista y director Ricky Staub que sobrepasa los diálogos predecibles y las tramas anticipadas con su corazón, está basada en la novela “Ghetto Cowboy” de Gregory Neri.

Pero aunque la historia es de ficción, la película encuentra su mayor fortaleza en las partes que son reales. En una decisión inspirada, Staub le dio algunos de los personajes secundarios clave a verdaderos miembros de Fletcher Street Stables, una comunidad ecuestre única que tiene más de un siglo de historia (pista: puedes darte cuenta quiénes son al ver su manejo natural en la silla de montar).

Las escenas más efectivas son aquellas que incluyen a estas figuras de la vida real, como una alegre celebración comunitaria, o una de una fogata en la que actores como McLaughlin y la siempre maravillosa Lorraine Toussaint, en el papel de su vecina Nessie, se mezclan con los locales para contar sus historias.

Mientras nos cuentan parte de la larga historia de Fletcher Street, también nos aclaran, y a Cole, el mito impulsado por Hollywood de que todos los cowboys lucían como John Wayne. “¿Pensabas que todos los cowboys eran blancos?”, dice uno de ellos mofándose. Nessie dice: “Hollywood nos ha blanqueado, simplemente nos borraron de los libros de historia”.

La película comienza con Cole a punto de ser expulsado de la escuela secundaria en Detroit. Su madre, quien ha perdido la paciencia, empaca sus cosas en unas pocas bolsas de basura y lo lleva en auto hasta la casa de su padre en Filadelfia. Él no está nada contento. “¡Mamá, no me dejes aquí!”, le grita.

Las cosas sólo empeoran cuando Cole ve el derruido apartamento de Harp, un exconvicto. En el refrigerador sólo hay cerveza y el compañero de piso de Harp es… un caballo. Cole sale corriendo y se encuentra en los brazos de Smush, un primo carismático que promete mostrarle ‘cómo funciona Filadelfia”.

Smush (el excelente Jharrel) sueña con ser dueño de un rancho en el oeste; también es un jinete. Pero quiere hacer dinero rápido y esto implica un negocio riesgoso de drogas. La historia aquí entra en un territorio desgastado, pues Smush representa la tentación de las calles, y Harp y sus amigos una existencia más ruda y honesta.

Staub pasó dos años conociendo a la comunidad de Fletcher Street Stables y esto se nota, especialmente en su muy bienvenida decisión de incluir a varios cowboys urbanos reales.

Uno de ellos es Jamil Prattis en el papel de Paris, quien le enseña a Cole cómo limpiar estiércol en el establo (consejo: usa una carreta). También está Ivannah Mercedes como Esha, una joven en los establos que le dice a Cole que los caballos no son los únicos que necesitan “frenarse” — él también debe hacerlo. Hay un dulce atisbo de romance y cuando Esha le enseña a Cole cómo pararse sobre un caballo, es un gesto rico en simbolismo.

Sin revelar más, es claro que Harp y Cole terminan apreciándose. Elba, quien se ve genial a caballo (aunque en realidad es algo alérgico a estos animales), tiene menos diálogos de los que quisiéramos, pero le da una vibra lastimera que centra la película. También logra un discurso motivador que sonaría demasiado cursi si lo dijera alguien más. En cuanto a McLaughlin, la película sería débil sin su presencia fresca, honesta y espontánea.

Lo mejor llega al final, y nos referimos a los créditos finales, donde los miembros de la comunidad de Fletcher Street (la ciudad de Filadelfia está urbanizando los lotes vacíos que usan, nos enteramos) hablan de su importancia, especialmente para los jóvenes que de no tenerlos podrían acabar en las calles.

“Creo que si más gente supiera lo importante que ha sido el establo para tantos jóvenes que no tienen otro lugar a dónde ir”, dice Mercedes sin terminar la oración. No es necesario.

“Concrete Cowboy”, un estreno de Netflix, tiene una clasificación R (que requiere que los menores de 17 años la vean acompañados de un padre o tutor) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por lenguaje soez, uso de drogas y algunas escenas violentas. Duración: 111 minutos. Tres estrellas de cuatro.