Plan de Biden se estrella contra la nueva realidad afgana

Al prometer que hará pagar a los extremistas que mataron a 13 estadounidenses y decenas de afganos, el presidente Joe Biden enfrenta la necesidad de hallarlos y atacarlos en un país inestable, sin efectivos militares y de inteligencia en el terreno, y sin un gobierno amistoso en Kabul que lo ayude.

El presidente fue advertido el viernes que es previsible que haya un nuevo ataque letal en los últimos días de la frenética evacuación liderada por Estados Unidos. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que el equipo de seguridad nacional de Biden esbozó un panorama sombrío.

“Le advirtieron al presidente y a la vicepresidenta que es probable un nuevo ataque terrorista en Kabul, pero que están tomando las máximas precauciones en el aeropuerto de Kabul”, dijo Psaki, reiterando lo dicho por el Pentágono desde el ataque que ha profundizado una crisis en la Casa Blanca en torno a una conclusión caótica y mortífera a una guerra que comenzó hace casi 20 años.

Al día siguiente salieron a la luz escasos detalles sobre el ataque, y el Pentágono corrigió su informe inicial de que hubo dos ataques suicidas. Hubo uno solo, dijo, en o cerca de la puerta Abbey seguido de disparos. El informe inicial de un segundo ataque con bomba en el vecino Hotel Baron resultó ser falso, dijo el mayor general Hank Taylor, del Estado Mayor Conjunto; atribuyó el error a la confusión inicial.

Biden dijo en un discurso a la nación que los agresores no pueden ocultarse, y juró devolver el golpe a la filial afgana del grupo Estado Islámico. “Los cazaremos y les haremos pagar”, dijo.

Taylor dijo que el Pentágono estará preparado.

“Tenemos opciones allá ahora mismo” que permitirán llevar a cabo cualquier represalia que se ordene, dijo el oficial.

El viernes, desde la Oficina Oval, Biden reiteró sus condolencias a las víctimas. El regreso de los restos a Estados Unidos en los próximos días será una recordatorio doloroso y conmovedor, no sólo de la devastación en el aeropuerto de Kabul, sino también de lo costoso que resulta el final de la guerra. Más de 2.400 efectivos militares estadounidense murieron en la guerra, y decenas de miles sufrieron heridas.

El Cuerpo de Infantería Marina dijo que 11 de los 13 estadounidenses muertos eran marines. Otro era un marinero de la Armada y uno más un soldado del Ejército. Sus nombres no se han hecho públicos a la espera de notificar a sus familias, un proceso a veces largo que, según el portavoz del Pentágono, John Kirby, implica “conversaciones difíciles”.