Milton Ray Guevara y su reflexión sobre la Segunda Palabra de Jesús en la cruz

El presidente del Tribunal Constitucional, Milton Ray Guevara, aseguró este viernes que, en estos momentos de pandemia, hoy más que nunca es preciso asumir la compasión y solidaridad como motor de la propia existencia y como la vía para construir una sociedad más justa.

Abogó por una reflexión sincera y un diálogo abierto y profundo sobre la República Dominicana que “queremos y soñamos”.

“Dejemos atrás el pesimismo y miremos con esperanza renovada el futuro que nos espera. Demos espacio a la reflexión sincera y abramos los cauces para un diálogo abierto y profundo sobre la República Dominicana que queremos y soñamos. No somos seres omnipotentes, nos necesitamos para subsistir”.

Segunda Palabra: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc. 23,43)

“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino” (Lc23,42). Esta fue la petición del denominado buen ladrón, crucificado al lado de Jesús en el Calvario. La respuesta dada por el Señor a esta súplica fue: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc. 23,43). Estas palabras son reflejo del amor y la misericordia infinita de Dios. Ofrecen una esperanza inigualable en momentos donde todo parece perdido. Imaginemos un momento la escena: Jesús, en medio del dolor y la angustia extrema por la crucifixión y el rechazo de los destinatarios de su amor, no se deja vencer por el odio de quienes se burlaban de él y sigue amando hasta el extremo. La cruz no fue impedimento para acoger la petición de quien sabiéndose culpable vio en Jesús la esperanza de su salvación.

A diferencia del otro malhechor crucificado junto al inocente Jesús, el buen ladrón reconoce sus faltas y le pide al Señor con fe que se acuerde de él. Se siente necesitado del perdón y la misericordia de Dios y dirige su petición a quien podía salvarlo. Esta súplica trae consigo el reconocimiento de la grandeza del Señor, pero también de la propia pequeñez e incapacidad del ser humano de salvarse a sí mismo. Jesús, con sus palabras, ofrece una buena noticia. Con ellas demuestra la fidelidad de su amor y una única respuesta de misericordia y compasión ante el grito desesperado de quien cree haber perdido la esperanza. Confirma que el dolor no es el final y que el amor es capaz de rescatar lo que parecía o estaba perdido. Demuestra que el rechazo de las personas no entra en la dinámica del amor. Jesús optó por la acogida sincera y plena ante la actitud del pecador arrepentido. Siguió haciendo el bien a pesar del profundo dolor provocado por el rechazo y las burlas de las masas que pidieron a gritos su crucifixión.

Recordando las palabras del Papa Francisco, decimos que “El calvario, lugar de desconcierto e injusticia…se transforma, gracias a la actitud del buen ladrón, en una palabra, de esperanza para toda la humanidad. Las burlas y los gritos de sálvate a ti mismo frente al inocente sufriente no serán la última palabra; es más, despertarán la voz de aquellos que se dejen tocar el corazón y se decidan por la compasión como auténtica forma para construir la historia”. (Homilía del 24 de noviembre del 2019, Estadio de Béisbol, Nagasaki). En estos momentos de pandemia, hoy más que nunca es preciso asumir la compasión y la solidaridad como motor de la propia existencia y como la vía para construir una sociedad más justa. La consolidación del Estado Social y Democrático de Derecho solo es posible cuando estos valores penetran realmente en el espíritu y la conciencia de una sociedad.

Ojalá que nosotros, al igual que Jesús, asumamos el amor al prójimo como norte y la compasión como estilo de vida. Que sepamos reconocer nuestros errores y pedir perdón. Que nos tratemos con respeto y conciencia de nuestra dignidad humana. Demos espacio a la reflexión sincera y abramos los cauces para un diálogo abierto y profundo sobre la República Dominicana que queremos y soñamos. No somos seres omnipotentes, nos necesitamos para subsistir. Esta escena bíblica nos invita a dejar de lado el orgullo y la soberbia para abrir nuestros corazones al amor y la acogida. Unámonos en el amor que todo lo puede y que es capaz de sanar las heridas provocadas por la falta de perdón y la injusticia. Dejemos atrás el pesimismo y miremos con esperanza renovada el futuro que nos espera.