La Producción de Texto Argumentativo con la Población Juvenil Rural… ¿Un mito o una Posibilidad?

“No levantes la voz…mejora tu argumento.”
Desmond Tutu.

En el presente texto, se pretende discernir sobre como el acto de la escritura argumentativa en la población rural juvenil, se ha convertido en uno de los grandes retos del docente rural; es así, que se debe luchar contra las brechas tecnológicas, económicas, religiosas, con la idiosincrasia de las familias, en fin….la diversidad cultural que logra influenciar los comportamientos de ésta población, que está en crecimiento y en constante formación; de esta manera, orientar la construcción de un pensamiento crítico en el contexto rural, se convierte en el escenario propicio, para desarrollar una estrategia pedagógica en caminada a identificar la estrategia más pertinente para este tipo de población.

Es así, que la formación en el acto de escribir (y más desde lo argumentativo) logra trascender y poner a prueba las capacidades docentes, a partir de esto, podría afirmar que la producción escrita en la población rural juvenil, está siendo limitada por los paradigmas del docente y los de la institucionalidad, quienes fijan (desde los estándares académicos y los Derechos Básicos de Aprendizaje dados por el Ministerio de Educación), los contenidos, estrategias, principios orientadores; bajo los cuales deben ser formados los educandos en los diferentes niveles académicos a nivel nacional.

Es así como, lo primero que debemos analizar, es como al enmarcar y enmarcar al educando en reglas y más reglas alrededor de la producción escrita, sacudiendo su interés por dar a conocer su pensamiento, haciendo de la escritura toda una ‘tortura’. Porque no pensar, en romper los límites gramaticales, tendríamos más y más escritores. Todo esto, no quiere decir que no se merezca rescatar la estructuralidad de la lengua, pero si permitirle al aprendiz, la libertad de escribir (en sus inicios) sin prejuicios lingüísticos (Rico, 2017a, párr. 2). Teniendo en cuenta lo anterior, me permito proponer, que uno de los primeros limitantes para lograr que se dé la producción escrita (y desde lo argumentativo) en la población rural, son las mismas reglas lingüísticas propias de la lengua orientadas por el docente, que olvida que el primer paso sería devolver la confianza y libertad de la expresión (oral y escrita) con la naturalidad innata que posee todo ser, para luego, ser moldeada por directrices (por que no pensar en una estrategia que se ajuste a las condiciones propias de la ruralidad) que formen su estructura y contenido de una manera progresiva y así, desaparezcan los miedos por dar a conocer su punto de vista frente al mundo que los rodea; mostrando esa manera ‘única’ que tiene todo educando al ver e interpretar su realidad.

Así mismo, me atrevo a afirmar que la institucionalidad (entendida como la organización económica, las estructuras sociales y educativas nacionales) ha ejercido gran influencia, en la manera como se permite la expresión (desde su formación y difusión), de esta manera, se hace evidente que el sistema económico de (acuerdo al nivel social) facilita el acceso a niveles educativos de calidad y por ende, el hecho de escribir podría considerarse un acto elitista, han sido pocos los humildes los que han luchado por dejar en las letras sus ideas(…). Ahora bien, los profesionales de hoy se ven en la necesidad de ingresar a círculos de investigación, ¡esto no es que esté mal!, pero hasta el querer descubrir nuevas cosas, se ven envueltas en el manejo complicado de la producción de textos científicos así, éste tipo de escritura, termina siendo la manera de ratificar lo difícil de escribir, en un mundo donde poco se lee y no se cree en la importancia de la escritura en los sectores más pobres de la sociedad (Rico, 2017b, párr. 4,5).

Es por esto, que puedo determinar que la influencia que generan las instituciones en la implementación de las políticas educativas y en el gran aumento de las brechas sociales, no facilita la formación del educando en la producción de texto argumentativo, pues tiende a limitar sus posibilidades, para comprenderlo y utilizarlo, ya que, pareciera que el poder acceder a una educación que le permita aportar desde la escritura a la comprensión e interpretación de la realidad, es cada vez más lejana si no se cuenta con los recursos o con el factor humano más idóneo; esto me cuestiona…y me genera el de nuevo el interrogante ¿se podría generar una estrategia que permitiera la formación en producción de texto argumentativo con la población juvenil en la ruralidad?, permitiendo reducir las brechas educativas y aportar a la académica y a la construcción de sociedad.

Si…retomo lo anterior, podría decir que recae en gran medida, el hacer posible estos cambios, en el compromiso docente, aunque parece algo ‘mítico’, creer que desde el aula se puede aportar, para que el discente logre aprender a fijar un punto de vista crítico, sin sentirse preso de la normatividad lingüística y académica, a pesar de las deficiencias del sistema educativo y de las desigualdades (en todos los sentidos) que marcan la existencia de la población rural; como lo diría Ciro Páez (s.f.) citado por Revista Académica U.C.P.R. (s.f.,p.56) quién en su texto “Leer y Escribir” sugiere lo siguiente: “Un maestro de escritura debe desempeñar para sus estudiantes el rol de la necesidad. Enfrentándolos a limitaciones arbitrarias, reduciendo para ellos el campo de lo posible, no los anula, antes bien, crea las posibilidades para que sus fuerzas se concentren y obren en las mejores condiciones posibles.”

Por otro lado, se hace necesario darle la relevancia al ejercicio de la lectura, pues, al hablar de producción argumentativa, implica que los entes (educativos, estatales) que hacen parte del proceso educativo, propendan por el fomento de la lectura y escritura al mismo nivel; los beneficios del acto de leer son indiscutibles, pero se ve afectado por la misma carencia de hábitos en familia y comunidad, donde no se ha generado el ejemplo y el fomento de la lectura como un soporte al proceso educativo.

Tras el análisis realizado durante el desarrollo del documento, se pudo ilustrar que la tesis propuesta en el inicio (la producción escrita en la población rural juvenil, está siendo limitada por los paradigmas del docente y los de la institucionalidad), establece con veracidad la temática a discutir y estando soportada, desde las concepciones teóricas seleccionadas, me permite ratificar que factores como la rigurosidad con la gramática, la ortografía, los tecnicismos, alejan al educando de la posibilidad de escribir y mostrar su punto de vista; por consiguiente, al dar libertad (guiada por una estrategia acorde al contexto y ritmos propios de aprendizaje) se podría no solo mejorar la producción argumentativa, si no llevarlos con progresiva a la construcción de documentos argumentativos de un nivel superior.

Por lo tanto, ratifico la necesidad que tiene la escuela y el aula, al contar con un docente dispuesto a adoptar posturas más abiertas al cambio, en la orientación de procesos escriturales argumentativos con la población rural, puesto que sus características culturales, obligan al educador en el redireccionamiento de los procesos en la producción de texto argumentativo, casi que generando la necesidad investigativa constante alrededor de este tema y lograr trascender en el campo de la argumentación con la población rural juvenil.

Referencias

Rico, R.G. (1 de junio de 2017). ¿Vale la Pena Escribir?. Reddolac (Red de docentes de américa Latina y el Caribe. [Entrada de Blog]. https://reddolac.org/profiles/blogs/vale-la-pena-escribir
Revista Académica e Institucional de la U.C.P.R. (2003). Escribir…¿Para qué?. [En línea] Retomado de: http://temporal.ucp.edu.co/paginas/terminadas/REVISTA%2066.pdf
Revista Latinoamérica de Comunicación Chasqui. (2005). Páginas de grandes periodistas. [En línea] Retomado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=6192

 

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