“La golondrina”: un llamado al respeto y la empatía

El teatro dominicano ha sido uno de los mayores afectados por la pandemia. No obstante, algunos productores se han arriesgado y han presentado propuestas de altísima calidad.

Es el caso de “La golondrina”, dirigida por la experimentada Elvira Taveras y producida por Raúl Méndez, que durante tres fines de semana ha estado en la Sala Ravelo del Teatro Nacional y ha sido confirmada para el primer fin de semana de septiembre.

Una escenografía que recreó un hogar en soledad en medio de fotografías para mantener vivo el ser querido que se fue y dos actores entregados a sus personajes, Josué Guerrero y Xiomara Rodríguez, fueron más que suficientes.

Josué y Xiomara, con magistrales actuaciones, hicieron una dupla que vale la pena repetir. Lograron una puesta en escena desgarradora, empática y reconfortante hasta las lágrimas.

Trama

La pieza está inspirada en el ataque terrorista del bar “Pulse” de Orlando (EE.UU.), en 2016, cuando un hombre con fusil en mano acribilló todo a su paso asesinando a 49 personas, un hecho calificado como una masacre de odio e intolerancia.

El bar gay Pulse cada año realiza una ceremonia para conmemorar a las víctimas. Es considerado como el incidente más mortífero de este tipo en la historia de Estados Unidos. (”Mami, voy a morir” fue el último mensaje registrado de una de las víctimas del ataque).

Esta obra, además, marcó el regreso de la gran Carmen Maura (Mujeres al borde de un ataque de nervios) en España.

Xiomara Rodríguez como Amelia, una maestra de piano que perdió a su hijo Dani en el atentado, representó en la pieza el lado conservador, religioso y comedido.

En cambio Josué Guerrero, en el papel de Ramón, un empleado de un hotel que acude donde Amelia con el pretexto de mejorar las técnicas de canto para el memorial de su madre (y minutos después se fueron revelando sus verdaderas intenciones) se puso en la piel de un sobreviviente del atentado que sacó las garras por la inclusión y la empatía; el lado humano sin importar raza, ideales o religión.

La música también los une como el «flashback» de los recuerdos con Dani.

Los diálogos entre dos personas de generaciones y vivencias distintas que los enlaza una misma pérdida iban en tensión con puntos altos de drama.

A pesar de esto la línea de las posiciones no se cruzó.

La pieza finaliza con un llamado al amor, respeto y tolerancia.

El apoyo entre los personajes al final de la escena, como si fueran madre e hijo, dejó otro mensaje: aunque hayan situaciones desgarradoras habrá personas reconfortantes para sobreponerse del duelo.

“La golondrina” debe estar en los primeros lugares de las mejores obras en lo que va del 2021.

Más del montaje

El texto es del reconocido dramaturgo y guionista español Gillen Clua, activista LGBTIQ.

Fidel López tuvo a cargo la ambientación para este montaje, mientras que el maestro de la iluminación para teatro, Bienvenido Miranda, creó la atmósfera para la puesta en escena.

La versión dominicana fue musicalizada e interpretada por Frank Ceara, que desdobló el sentimiento oculto en el texto del autor para dejar la esencia de “La Golondrina”.

Josué y Xiomara cantan en algunos momentos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *