«Convertidos en piezas de arte en casas de millonarios»: Cómo el tráfico internacional de fósiles daña las investigaciones y el patrimonio de Brasil

El descubrimiento de un ejemplar completo de un reptil volador enorme que existió hace millones de años en Brasil vuelve a poner en evidencia el daño que sufre la paleontología en este país con las redes de tráfico internacional de fósiles, que mueven un negocio millonario. 

La Policía brasileña desmanteló en 2013 en el Puerto de Santos, en Sao Paulo, una organización criminal especializada en el contrabando de fósiles y piedras preciosas. Se encontraron en barriles ocultos en las piedras, ya que estaban incrustados en ellas.

El destino final de estos tesoros de millones de años suelen ser las casas de coleccionistas particulares, páginas de ventas por internet o museos en Europa, EE.UU. y Asia. Con un valor histórico incalculable, el precio puede alcanzar decenas de miles de euros dependiendo de la pieza en cuestión. 

En aquella operación, las autoridades entregaron más de 2.400 ejemplares a la Universidad de Sao Paulo, que se encargó de clasificarlos.

Sus investigadores se dieron de bruces después con el hallazgo del réptil volador, un ‘Tupandactylus navigans’, del género de los pterosaurios, de la época del Cretácico (hace 145 y 66 millones de años) y «primo» de los dinosaurios. 

«Si un fósil cae en manos de un coleccionador privado ya no tienes acceso para investigarlo y se convierte en una pieza de arte en casa de un millonario, en lugar de ser una pieza de la historia geológica del país. Su valor científico muere«, lamenta a RT Victor Beccari, coautor de la publicación sobre el ‘Tupandactylus navigans’.

Para Fabiana Rodrigues Costa Nunes, paleontóloga y que también participó en el estudio, «encontrar un ejemplar fósil bastante completo, articulado e incluso mostrando tejido blando, como es el caso de este pterosaurio, es un evento muy raro y de suma importancia por la cantidad de información que se recupera del material y que ayuda a dilucidar además de aspectos anatómicos, otros relacionados con la paleobiología y ecología del ejemplar».

Araripe, donde se detuvo el tiempo

La mayoría de los fósiles incautados provenían de la Chapada de Araripe, en el nordeste de Brasil, que cubre los estados de Ceará, Pernambuco y Piauí, y considerado uno de los depósitos de fósiles más importantes del mundo. A este lugar se le ha atribuido el estatus de ‘Lagerstätte’, término alemán usado para referirse a los yacimientos fosilíferos con abundancia de material en excepcional estado de preservación.  

Allí se han encontrado fósiles de miles de especies de peces, plantas y diferentes tipos de animales prehistóricos. La región también cuenta con minas de explotación de caliza laminada con fines comerciales, en especial, para la construcción de pavimento, lo que hace más fácil el hallazgo de los fósiles.

De hecho, el ‘Tupandactylus navigans’ fue cortado en seis piezas de piedra caliza perfectamente complementarias. Un patrón de corte, según los investigadores, típico del utilizado en las canteras. 

«Hay decenas de miles de fósiles allí. La cantidad es tan inmensa que intentar proteger todo ese patrimonio es muy difícil. Muchos son extraídos de las minas y siempre habrá alguien que los consiga desviar para intentar ganar dinero», comenta Becarri.

El proceso de las redes de tráfico es en muchas ocaciones el siguiente: desde Araripe los trabajadores de las minas retiran las piedras con los fósiles dentro, los entregan a criminales que los mandan ocultos en camiones, como si fuesen otro tipo de material, a los puertos, principalmente el de Santos, en Sao Paulo, y desde allí se envían al extranjero. 

«Se trata de una pérdida irreparable para la ciencia brasileña. En Brasil, todos los fósiles recolectados deben registrarse en instituciones públicas nacionales, ya sea con fines didácticos o científicos, y estar a disposición de los investigadores, incluso extranjeros si lo autoriza el encargado de la colección donde el animal fue depositado», dice Costa Nunes.

Reconocidos por la Constitución

En Brasil, los fósiles son reconocidos por la Constitución como patrimonio cultural y en 1942, la ley determinó que su salida del territorio nacional era considerada un crimen. 

«Su comercialización es ilegal y solo puede ocurrir con la autorización del Gobierno federal. El crimen puede llevar a una pena de entre uno y cinco años de cárcel, dependiendo de las circunstancias», explica a RT el fiscal de la República de Ceará, Rafael Rayol.

Sin embargo, en algunos países de Europa y en EE.UU. el comercio de fósiles no es ilegal y devolverlos otra vez al gigante latinoamericano resulta complicado.

«Ahora mismo tenemos 10 procesos de repatriación abiertos. Pero es muy difícil. Todo depende de la colaboración con las autoridades extranjeras. El procedimiento es muy burocrático y hay cuestiones políticas por detrás que también lo dificultan», subraya el fiscal. 

Rayol hace hincapié en que hay naciones que no tienen leyes que obliguen a devolver las piezas, por lo que algunos museos se muestran contrarios a entregar los fósiles y los particulares intentan conservarlos revirtiendo, una y otra vez, los procesos ante la Justicia.

Daño para la economía

Los especialistas insisten en que además la preservación de ese patrimonio contribuye a incentivar el turismo local. 

«Si el ejemplar sale de Brasil y va a Alemania, las personas se irán allí para verlo. A partir del momento en que un fósil permanece en un museo crece el turismo y se mueve la economía local», explica Beccari. 

El ‘Tupandactylus navigans’, por ejemplo, forma parte ahora de la exposición «Fósiles de Araripe» que acoge el Instituto de Geociencias de la Universidad de Sao Paulo, lo que en palabras de Beccari, «es algo increíble». 

En la mayoría de las ocasiones los paleontólogos brasileños y las autoridades descubren que los fósiles se encuentran en el extranjero por medio de publicaciones científicas internacionales. 

Una de las polémicas más destacadas fue el descubrimiento en 2020, a través de una investigación europea, de un dinosaurio, el primero no aviar de todo América Latina, que pertenecía a la Chapada de Araripe.

La publicación fue objeto de numerosas críticas por parte de los paleontólogos brasileños, sospechan que el fósil fue sacado de manera ilegal del país en 1995, y lanzaron una campaña en las redes para recuperar el ejemplar, que se encuentra en un museo de Alemania. En medio de la polémica, la revista decidió retirar el artículo hasta solucionar el problema. 

El fiscal de Ceará lamenta la falta fiscalización en la zona. «La Agencia Nacional de Mineración cerró sus oficinas y el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ibama) también. Hoy trabajamos con la Policía Militar ambiental y la Secretaria de Medio Ambiente de Ceará, que es mucho menos de los que se necesita», deplora.

Marta Miera

Si te ha parecido interesante, compártelo con tus amigos