Conmemoran el 50 aniversario del libro “La Española en el siglo XVI”, de Moya Pons

La Academia Dominicana de la Historia realizó el panel “Elogio de La Española en el siglo XVI”, para conmemorar el 50 aniversario de la primera edición del reconocido libro del fecundo investigador Frank Moya Pons sobre el importante período colonial.

En el panel sobre “La Española en el siglo XVI: Trabajo, sociedad y política en la economía del oro”, conducido por José Chez Checo, presidente de la Academia, participaron los historiadores dominicanos Raymundo Gonzalez, Genaro Rodríguez Morel y Moya Pons y el investigador norteamericano Herbert S. Klein.

Al iniciar la actividad, transmitida por el canal de YouTube de la Academia Dominicana de la Historia, Raymundo González dijo que no es común que se celebre la media centuria de un libro, aunque la importancia de una obra que perdura ese tiempo como un aporte válido hasta el presente constituye una buena razón para hacerlo, y que este es el caso de la obra de Frank Moya Pons.

Recordó que cuando se publicó el libro de Moya Pons apenas había pasado una década desde la caída del régimen dictatorial de Trujillo y seis años desde la Revolución de Abril de 1965, y en el país el período se había saldado con el establecimiento de un régimen bonapartista, pese a lo cual ya no había controles políticos y culturales para la producción académica.

“Esto último tuvo como consecuencia que en el país comenzaran a introducirse las nuevas corrientes historiográficas vigentes y con ellas los nuevos enfoques y metodologías para abordar nuevos y viejos problemas de la historia dominicana, que hasta ahora habían permanecido en la órbita de los intereses del poder”, explicó.

Gonzalez ijo que el libro asumía la historia como problema y hacía un enfoque integral de las sociedades tal como lo planteaba entonces la denominada Nueva Historia, en la que colaboraban historiadores de la escuela de los Annales y de distintas corrientes de historiografía marxista.

Afirmó que Moya Pons se propuso ante todo hacer un acercamiento innovador a un problema crucial donde estudiaba las cuestiones sociodemográficas y políticas planteadas por la transición de “la sociedad españolense”, como la llama el autor, desde la llamada economía del oro hasta alcanzar un nuevo modelo socioeconómico que dio estabilidad e hizo viable a la colonia.

“El tema central de este libro es, por tanto, un problema histórico trascendente, puesto que se trata de la formación de la plantación azucarera en el continente americano, cuyo primer intento exitoso fue logrado en la isla en una coyuntura particularmente crucial en términos sociales y económicos, así como también tensa en términos políticos”, afirmó.

Dijo que el autor se basó en los estudios previos realizados en décadas anteriores por autores extranjeros, como Irene Wrigth y Mervyn Ratekin, aunque su punto de interés estaba más centrado en el proceso de la transformación global de aquella primera sociedad basada en el trabajo indígena para la explotación del oro hasta reconvertirse en una sociedad de plantación, y menos en los componentes de la industria en sí misma.

“Lo que para aquellos fue un punto de partida, Frank Moya lo convirtió en punto de llegada. Sin duda, era la primera vez que un autor dominicano abordaba la temática de este modo”, argumentó.

Dijo que fue así como “La Española en el siglo XVI” se inscribió en el grupo de obras pioneras que perfilaron el discurso histórico moderno en la historiografía dominicana, una etapa en la cual aún esta se desarrolla.

“Casi todas las conclusiones de ese libro fueron acogidas por los historiadores de las nuevas generaciones. No obstante, las múltiples aclaraciones y correcciones posteriores, incluyendo las que el propio autor se encargó de introducir en ediciones sucesivas, han quedado abiertas varias cuestiones que falta elucidar si no con más profundidad, quizás sí con nuevas fuentes y perspectivas que han ido surgiendo en años posteriores”, indicó.

Argumentos de Genaro Rodríguez Morel

El historiador Rodríguez Morel recordó que la primera edición de “La Española en el siglo XVI” fue publicada por la Universidad Católica Madre y Maestra, Santiago de los Caballeros, en 1971 cuando Moya Pons apenas contaba 27 años.

Dijo que con esta obra, primera en su género, el autor pretendía escribir una síntesis sobre la presencia española en el Nuevo Mundo, concretamente, entre los años de 1493 y 1520.

Recordó que dada su importancia, la obra fue reeditada en España en 1987, en la prestigiosa Colección Alianza América, dirigida por el connotado historiador, Nicolás Sánchez Albornoz, y que a esa edición se le dio el nombre “Después de Colón: Trabajo, Sociedad y Política en la Economía del Oro”·

“Como podemos ver, con el nuevo título ‘Después de Colón’ la obra se redimensiona y adquiere un estatus más universal. Es decir, sirvió como carta de presentación de la historia colonial dominicana en los ambientes académicos europeos y americanos, trascendiendo así la insularidad y haciéndola de un dominio más general”, dijo

Afirmó que sin duda alguna el libro de Moya Pons significó un gran aporte para la historiografía en general y de manera particular para la dominicana. “Esto así, porque por primera vez se escribía una síntesis de la historia colonial de la Española desde la llegada de los conquistadores europeos hasta las dos primeras décadas del siglo XVI”, puntualizó.

Destacó que a pesar de la trascendencia y difusión que tuvo en su momento, todavía, medio siglo después tiene mucho que enseñar, pues el período estudiado sigue siendo el más desconocido y oscuro dentro de la historiografía dominicana.

“No creo equivocarme si digo que, no obstante, los avances historiográficos que ha habido en estos últimos 50 años, ‘La Española en el siglo XVI’ sigue manteniendo toda su frescura y vigencia. La única investigación que cubre el período estudiado por el doctor Moya Pons es la monumental ‘Historia General del Pueblo Dominicano’ de esta Academia Dominicana de la Historia, la cual en el Tomo I abarca por completo todo el siglo XVI”, expresó.

Sostuvo que “La Española en el siglo XVI” marca un antes y un después dentro de la historiografía moderna de la República Dominicana, trascendiendo todo lo que hasta el momento había escrito la vieja escuela de historiadores”.

Agregó que a partir de este estudio, la historia dominicana deja de ser de dominio exclusivo de un reducido grupo de historiadores, juristas en su mayoría, y pasa a formar parte de un universo más general entrando por la puerta grande en el mundo académico, tanto europeo como americano.

“Desde su aparición hace ya 50 años, La Española en el siglo XVI ha ejercido una gran influencia en las nuevas generaciones de historiadores, tanto locales como extranjeros. En Europa y particularmente en España ha sido la obra de historia colonial más consultada, particularmente por las diferentes escuelas de Historia de las universidades españolas, Sevilla, Salamanca, Madrid, así como también en los principales centros de estudios caribeños de Alemania, Francia, Italia, etc.”, afirmó.

Sostuvo que el libro de Frank Moya Pons fue la primera historia colonial escrita desde la isla con métodos historiográficos modernos, y que aunque fue escrita en el siglo XX no ha perdido su autenticidad en lo más mínimo, lo que hace que la misma mantenga su vigencia todavía en el siglo XXI.

Exposición de Herbert S. Klein

De su lado, Herbert S. Klein, quien fue profesor de Moya Pons en la Universidad de Columbia, dijo que la obra de su discípulo “es sin duda una de las mejores investigaciones que se han realizados sobre la historia colonial de América Latina y es un trabajo fundamental para entender como fue creado el sistema colonial”.

“Así, además de ser la historia de la primera colonia española, también es un estudio importante de cómo la Corona estableció las instituciones básicas para su nuevo imperio mundial. Santo Domingo fue realmente el laboratorio en el que la Corona experimentó con varias opciones sobre cómo crear un imperio viable en la lejana América. Si bien se utilizaron muchos instrumentos ibéricos tradicionales, su compleja relación con La Española en estos años permitió a la corona experimentar con nuevas instituciones y nuevas políticas nunca antes probadas”, añadió.

Dijo Santo Domingo fue el lugar donde los reyes Fernando y Carlos elaboraron sus políticas básicas sobre cómo tratar con los colonos, cómo relacionarse con las poblaciones indígenas y cómo crear una burocracia y dominar las élites locales para garantizar el control real.

“Como se puede ver de estos comentarios, este estudio de profesor Moya Pons es ya un clásico historia y mediante su análisis explica cómo la Corona española usó la isla como laboratorio para probar todas las instituciones y políticas básicas que adoptaría en el resto de América en los siglos siguientes. Por lo tanto, es una historia que va mucho más allá del relato de los primeros años de la primera colonia de España en América”, explicó.

Palabras de Frank Moya Pons

Luego de escuchar las exposiciones de sus colegas, el historiador Frank Moya Pons expresó su agradecimiento a Genaro Rodríguez Morel y Raymundo González y a su querido amigo y tutor Herbert Klein por participar en el panel con sus comentarios y elogios, los cuales acepta con mucha satisfacción.

También dio las gracias a José Chez Checo y a la junta directiva de nuestra Academia Dominicana de la Historia por haber escogido este aniversario para rescatar la memoria de su primer libro.

Contó que la obra se originó en una marcada curiosidad que lo perseguía desde jovencito, que buscaba entender la formación del pueblo dominicano y cómo esta sociedad había surgido y se había desarrollado hasta llegar a ser lo que es.

“Para satisfacer esa curiosidad, pensaba entonces, cualquier pesquisa que yo quisiera realizar debía comenzar por el principio para sí poder identificar y comprender cuáles eran los componentes fundacionales de la sociedad dominicana a partir de la sociedad taína, la sociedad española peninsular y la europea que englobaba y condicionaba esta última”, agregó.

Recordó que en sus tempranas lecturas, cuando buscaba esos orígenes siempre se encontraba con una pared documental y epistemológica, pues aunque había una amplia literatura sobre los tempranos momentos de las incipientes sociedades coloniales, esa literatura estaba dominada por los estudios realizados por juristas o especialistas en Derecho Indiano cuya visión de la conquista y la colonización de América (y de la Española) casi siempre terminaba siendo un capítulo de la historia sevillana y, un poco más ampliamente, de la peninsular, hoy española.

Dijo que esas narrativas reflejaban “una visión higienizada del proceso de la conquista” sin llegar a los extremos de Constantino Bayle con su famosa “Conquista espiritual de las Indias”, pero sí rozándolo cerca.

“Por eso, en muchas de esas obras, si no en todas, el pueblo dominicano como entidad social no aparecía por ninguna parte. Al igual que los ‘juristas-historiadores’ extranjeros, el foco de sus obras eran las instituciones, las leyes, el derecho, las políticas de la Corona española, etc.”, afirmó.

Expresó que así veía yo las cosas cuando le tocó escoger el tema de lo que debió haber sido su tesis de maestría en Georgetown University.

“Para entonces ya tenía yo en mente que el tema sería algo así como los comienzos de la vida colonial dominicana, las raíces, o la formación inicial, de la sociedad dominicana”, añadió.

Dijo que por coincidencia, en ese mismo año, 1969, el eminente historiador franciscano Antonine Tibesar, profesor de la Universidad Católica de Washington, anunció la celebración de un seminario sobre la conquista, lo cual le vino “como anillo al dedo” porque en Georgetown no había ningún especialista en ese temprano período de la historia americana.

Manifestó que aprovechando las facilidades del consorcio entre ambas universidades se inscribió en el seminario y allí presentó los primeros tres capítulos de lo que pensaba sería el primero de tres volúmenes dedicados al siglo XVI.

“Para poder trabajar rápido y sin distracciones solicité y obtuve el privilegio de un escritorio de investigación (study desk en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, desde el cual podía acceder libremente a las estanterías y registrar sin dilaciones los libros que necesitaba utilizar”, indicó.

Dijo que eso le permitió tener a mano simultáneamente las grandes y poco explotadas colecciones documentales que le sirvieron de base para la investigación y sin las cuales era imposible realizar la pesquisa que le interesaba.