¿Cómo persiste la homosexualidad durante la evolución?

Un amplio estudio científico publicado este lunes en «Nature» indica que los genes asociados al comportamiento sexual entre personas del mismo sexo podrían conferir a individuos heterosexuales ciertas ventajas evolutivas.

Esa es una de las conclusiones de una investigación liderada por expertos de la Universidad de Queensland (Australia), con la que tratan de dar respuesta a una «paradoja darwiniana» sobre la sexualidad.

En las sociedades humanas, entre el dos y el 10 % de individuos participa en «comportamientos sexuales con personas del mismo sexo» (SSB, sus siglas en inglés), ya sea de manera ‘exclusiva o predominante’, explica en un comunicado Brendan Zietsch, el principal autor del estudio.

No obstante, recuerda que la evolución «suele favorecer a genes y rasgos» que facilitan la reproducción de las especies.

«Así que, dado que las diferencias individuales en la conducta sexual hacia uno u otro sexo están asociadas con diferencias genéticas, «¿Por qué los genes asociados con la conducta sexual no reproductiva pueden haber sobrevivido a la evolución?«, se pregunta el experto.

Una hipótesis, expone, apunta a que los genes asociados al SSB, cuando están presentes en individuos que participan en comportamientos sexuales con personas del sexo opuesto’ (OSB), pueden ‘ser ventajosos’ y, en consecuencia, ‘contrarrestan su coste evolutivo’.

Para explorar esa premisa, el equipo dirigido por Zietsch analizó los efectos genéticos del SSB con un estudio de asociación del genoma completo (GWAS) de 477.522 individuos registrados en bases de datos de Estados Unidos y el Reino Unido.

También estimaron los efectos genéticos del OBS con un GWAS de 358,426 individuos (de esos dos mismos países) que aseguraron que solo han tenido parejas del sexo opuesto y que especificaron cuántas han tenido hasta ahora.

«Hemos demostrado que, entre los individuos que nunca han tenido una pareja del mismo sexo, los efectos genéticos asociados al SSB se relacionan con el hecho de tener más parejas del sexo opuesto a lo largo de la vida’, asegura Zietsch, quien habla, en ese sentido, de «ventaja para el apareamiento» y, en último término, para la reproducción de la especie.

«Las simulaciones informáticas'» prosigue, sugieren que «esa ventaja para los genes asociados con el SSB’ llevaría a las poblaciones a ‘mantener su predisposición’ hacia ‘comportamientos sexuales con personas del mismo sexo».

Zietsch reconoce que aún quedan ‘muchas cuestiones por resolver’ y advierte de que este estudio presenta ‘importantes salvedades’.

Por ejemplo, dice, este análisis solo incluye individuos actuales de EE. UU. y el Reino Unido, ‘donde las convenciones sociales que regulan el comportamiento sexual’ dificultan la tarea de ‘extraer conclusiones sólidas’ sobre esta cuestión a lo largo ‘de miles de años de historia evolutiva’.

‘También reconocemos que el éxito del apareamiento es difícil de medir y que el número de parejas del sexo opuesto a lo largo de la vida tiene limitaciones sustanciales. Además, las variantes de ADN analizadas solo captan una pequeña proporción de toda la variación genética en comportamientos sexuales’, concluye Zietsch. EFE

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