Adriano Luna no se cansa de agradecer a Dios. Su historia es como sacada de una novela. Alrededor de 31 años después pudo rencontrarse con la mujer a la que un día le entregó una de dos hijas que tuvo que dar en adopción cuando las condiciones económicas lo golpearon con tanta intensidad que no tuvo más alternativa que convencer a su esposa de dar ese paso y confiar la vida de su pequeñita a una desconocida.

“Ella me decía yo la voy a cuidar, ella va a estar bien”, cuenta Luna de aquel momento en que entregaron su hija a Joan Palmer (madre adoptiva de Casandra). Su esposa estaba dudosa, pero con otro hijo con problemas de salud, viviendo en una casa hecha de palos, con puertas de yagua, colchones de hojas de plátanos y muy pocas opciones de cambiar el panorama, accedió, aunque siempre albergaron la esperanza de volver encontrarse con ellas.

“Para mí, en 54 años de edad que tengo, lo mejor que Dios me ha dado es esta sorpresa”, dijo Luna, quien tenía 31 años que no veía a Casandra, durante una entrevista con Diario Libre USA en Las Guázaras, Jarabacoa.

Narra que cuando se enteró de la noticia, sus hijos tuvieron temor de que le pasara algo y le recomendaron que se tomara una pastilla, quizás por temor a que también tuviera un ataque al corazón como su madre, que falleció cinco años atrás y quien siempre albergaba la ilusión de encontrar a sus dos hijas.

“Mi hermano Eladio me dijo usted supo la noticia, le dije no, y me contestó sí, su hija apareció, yo no me diga eso. Me dicen mis hijas papi tomate una pastilla y le dije no, no me la tomo, estoy feliz con eso porque Dios está conmigo y con ustedes”, narró Luna.

Luna se reunió este fin de semana por segunda vez con la madre adoptiva de su hija, quien ya había venido al país, pero a Punta Cana cuando Casandra cumplió sus 15 años. A mediados de abril tendrá otro encuentro cuando Casandra venga con su hermana Julia a conocer a su padre y sus hermanos.

“Esa señora que está ahí (Joan Palmer) fue donde nosotros, nosotros vivíamos en plena pobreza, muy grande, muy terrible y cuando ella se acercó donde nosotros nos dijo miren señores estamos buscando una familia para adoptarle una hija, para hacerle un bien y para hacerle un bien a ustedes también. Yo hablo con mi esposa, que murió, y ella me dijo yo no doy para eso. Yo le dije mira estamos pasando situaciones difíciles, tú sabes cómo estamos, estamos durmiendo en el suelo, estamos pasando una situación muy grande. La señora siguió insistiendo y ella dijo entonces tú eres quien sabe”, narra Luna.

Luna dice que tuvo una especie de corazonada de que Joan Palmer le parecía una persona buena y el tiempo le ha dado la razón. Por eso, tanto él como sus hijos agradecen a Palmer por cuidar de Casandra y por la educación que le dieron.

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