A través de las redes circula una simpática anécdota según la cual a los trinitarios fundadores de la República Dominicana se les llamaba “hijos de Machepa” porque fue en casa de doña Josefa Pérez de la Paz, madre del trinitario Juan Isidro Pérez, en donde quedó constituida la célebre sociedad patriótica La Trinitaria, hacia las once de la mañana del 16 de julio de 1838.

Doña Josefa Pérez de la Paz, quien era conocida como doña Chepita (no doña Chepa, ni tampoco Ma Chepa), perteneció a la rama femenina de La Trinitaria en calidad de Comunicada, y de acuerdo con Vetilio Alfau Durán, “procedía de una familia de ilustre abolengo. Nació en esta ciudad el día 2 de marzo de 1788, siendo hija del abogado D. Juan Isidro Pérez de la Paz y Godiñez y Da. Francisca Valerio…” Su casa estaba ubicada en la calle del Arquillo, hoy Arzobispo Nouel, frente a la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde actualmente se encuentra. Sabemos que Juan Pablo Duarte escogió la residencia de doña Chepita para celebrar allí la reunión constitutiva de La Trinitaria, primero por la estrecha amistad que existía entre él y Juan Isidro y, segundo, aprovechando la circunstancia de que el 16 de julio se festejaba el Día de Nuestra Señora del Carmen. De acuerdo con la tradición, durante la mañana de ese día se esperaba que la iglesia estuviera repleta de feligreses, pretexto ideal para llevar a cabo una reunión de carácter conspirativo, sin que ello levantara sospechas de las autoridades haitianas.

¿Qué significa y desde cuándo se usa entre los dominicanos la expresión “hijos de Machepa”? En el “Diccionario del español dominicano” (2013) aparece el siguiente registro: “Hijo (a) de Machepa. Loc. sust. 1. Persona pobre y de origen humilde. 2. Loc. sust. Persona desconocida considerada insignificante”. En otra importante obra de consulta, el “Diccionario dominicano de cultura y folklore” (2005), sus autores, Alejandro Paulino y Aquiles Castro, consignan que se llama “hijo de Machepa a la persona de condición económica y social muy humilde o pobre”. Justo es señalar que es en este texto en el que, por primera vez, encuentro una referencia, no sustentada en fuente documental fidedigna, sobre el probable origen del término “Machepa” vinculado al nombre de la madre del trinitario Juan Isidro Pérez: “se cuenta que los jóvenes de la organización secreta La Trinitaria, que luchaban por la independencia del pueblo dominicano, se reunían en la casa de Josefa Pérez de la Paz, a quien cariñosamente le llamaban Ma Chepita (madre Chepita) y de allí viene este término…”

El interés por conocer la historia de la expresión “hijo de Machepa” no es de estos tiempos. En junio de 1969, Juan José Ayuso, destacado poeta y periodista, le escribió una misiva al historiador Vetilio Alfau Durán, entonces director del Archivo General de la Nación, indagando acerca del origen de ese vocablo que, además de haber sido rescatado por Juan Bosch en 1961, por coincidencia había leído en un ensayo de Alcides García Lluberes, según el cual “Joaquín Puello, [era] auténtico hombre de arraigo entre los hijos de “Ma Chepa, la sucia madre de José Pajarito…” En su respuesta al poeta

Ayuso, el historiador Alfau Durán, entre otras cosas, explicó que “Chepa y Chepita es el apodo que en la familia indo-española le suelen dar a las mujeres que llevan el nombre de Josefa, que es femenino de José… La madre del prócer trinitario Juan Isidro Pérez de la Paz se llamaba Josefa Pérez de la Paz y Valerio y era generalmente conocida por Doña Chepita…”

Del párrafo anterior se colige que en la ciudad de Santo Domingo, en tiempos de la independencia, había una mujer a la que llamaban “Ma Chepa”, que no era Josefa Pérez de la Paz, sino más bien la progenitora de un tal José Pajarito, cuyo verdadero apellido era Rondón, según refiere Manuel de Js. Troncoso de la Concha en su libro “Narraciones dominicanas” (1960). Este José Rondón era asistente de oficios religiosos en la Catedral y campanero de la iglesia de Las Mercedes. De origen muy humilde, para el año 1914 José Pajarito pasaba del medio siglo de existencia y Ma Chepa, su progenitora, parece que había tenido numerosa prole. En cuanto se refiere a “hijos de Machepa” se trata de un término cuyo uso es anterior a la proclamación de la República y, según resalta Manuel Matos Moquete, “Machepa era el sobrenombre que representaba a los esclavos desde la época colonial y a los pobres en general”.

Cuando Juan Bosch regresó al país en 1961, tras más de dos décadas de exilio, en sus alocuciones radiadas rescató dos expresiones netamente autóctonas que habían desaparecido del habla popular: hijo de Machepa y tutumpote. Según el prominente escritor y político: “Machepa era el sobrenombre de María Josefa y también de Josefa, y como ustedes saben, todavía a los Josés se les dice Chepes en muchos sitios y a las Josefas se les dice Chepas, y parece que el nombre común de las esclavas libertas era el de María Josefa o el de Josefa, como hoy sigue siendo el nombre de José y el de Josefa el más común en el país. Las esclavas libertas eran aquellas a quienes sus amos les daban la libertad, y regularmente seguían trabajando en las casas de sus amos como cocineras y sirvientas. Por eso, desde hace mucho más de cien años a los hijos de las cocineras y las sirvientas se les llamaba “hijos de Machepa”, y eso era muy común, y más que común, era general hace cincuenta o sesenta años en Santiago, donde esas palabras de “hijos de Machepa” significaban ya para esa época “hijos del pueblo”… (“Obras Completas de Juan Bosch”, tomo XXI, 2009).

Respecto de que los trinitarios fueron conocidos como “los hijos de Machepa”, resulta curioso que tanto Rosa Duarte, en su “Diario”, como el trinitario José María Serra, autor de un opúsculo titulado “Apuntes para la historia de los trinitarios, fundadores de la República Dominicana” (1887), omitieran ese importante apelativo supuestamente de origen popular. Por su parte, el historiador José Gabriel García, el padre Fernando A. Meriño, Emiliano Tejera y Federico Henríquez y Carvajal, los primeros historiadores en escribir sobre Duarte y los trinitarios, tampoco se refirieron al hecho de que los trinitarios eran llamados de esa manera. Según testimonio de José María Serra, hubo sí, un sobrenombre, más bien un mote, que empleaba el sector conservador para burlarse de Duarte y sus compañeros: “Nos llamaban “filorios por irrisión. Esta palabra -escribió- fue inventada por un truhan para llamarnos filósofos”.